PUEDES
PARTICIPAR EN LA DIFUSION DE HUMANOS SIN FRONTERAS, TRANSMITIENDO
SU CONTENIDO. ESTARAS AYUDANDO A SUPERAR LAS FRONTERAS INTERIORES
DE NUESTRAS MENTES, AYUDANDO A LA PAZ Y LA SOLIDARIDAD EN NUESTRO
MUNDO. GRACIAS A TODOS.
.. Este
manifiesto
es para todos los seres humanos de nuestro mundo, sin importar su
raza, ni sexo; sin importar el estatus social ni el grado de desarrollo
de su sociedad. Sin importar su cultura o religión.
Humanos
sin fronteras nace desde el convencimiento de que las tensiones mundiales,
guerras, discriminaciones, insolidaridades e injusticias son consecuencia
de la variedad de influencias que estructuran nuestras mentes desde
la niñez. Mentes formadas según el lugar de nacimiento.
Mentes desarrolladas dentro de fronteras culturales e históricas.
Mentes sometidas a costumbres y religiones. Humanos sin fronteras intenta,
de una forma sencilla, identificar esas fronteras interiores,
para asi hacer comprender que no somos
tan diferentes como creemos, y en consecuencia evitar esas tensiones
y sufrimientos entre humanos. Ahora, más que nunca, nuestro
mundo depende de nosotros, de nuestras decisiones, de nuestras formas
de actuar, de decidir y vivir. Pero
estamos condicionados por fronteras interiores.
EL
PASADO
Estamos
en constante evolución. Ni nuestro cuerpo,
ni nuestra mente están parados en el tiempo. Evolucionamos
y evolucionaremos como lo ha hecho, hace y hará el Universo.
No lo podemos evitar pues como parte integrante del mismo seguimos
sus pautas.
Es muy normal que si nuestros
cuerpos son cambiantes y adaptables, estos se hayan ido amoldando
a los diferentes climas y lugares habitados por el ser humano.
Tras miles y miles de años,
nuestras apariencias externas se han aclimatado a los diferentes lugares
de nuestro planeta dando lugar a, lo
que hemos pasado a llamar, las razas. El que existan diferentes
razas es algo lógico y normal que ha sido provocado por la
propia naturaleza que, generación tras generación, ha
ido influyendo sobre nuestros cuerpos.
Desde nuestros orígenes
el clima y la geografía han sido determinantes, no solo para
diferenciarnos en nuestro aspecto externo, sino también en
nuestras costumbres y en nuestro carácter. Esas costumbres
han arraigado en nuestro actuar, han influido en nuestros gustos, en nuestra personalidad,
en nuestra capacidad intelectual, en nuestras motivaciones y miedos.
Nacieron idiomas formados
por las circunstancias del momento. Formas de vivir, de organizarse,
de interpretar el mundo según aquellas situaciones históricas.
Sin embargo, esas diferentes costumbres, esas diferentes formas de
ver la vida e interpretarla que tanto observamos y obedecemos, esas
diferentes lenguas, todo ello, que nació en el pasado, toda
esa diversidad, malogradamente ha contribuido, y contribuye, a distanciar
a los seres humanos entre si, provocando que existieran guerras, rencores,
odios, prepotencias e injusticias entre nosotros.
Costumbres que se utilizan
para marcar diferencias entre los seres humanos de nuestro mundo.
Que provocan enfrentamientos y distanciamientos. Que perjudican nuestro
presente y futuro, y a nuestro planeta.
Es evidente que nuestro
pasado es el pasado de toda nuestra humanidad. Partimos de un tronco
común. El mundo no se creó con naciones, ni idiomas,
ni razas. El mundo, nuestro mundo, nos dio la vida. Somos nosotros,
y solo nosotros, los que hemos fraccionado y dividido nuestro planeta,
los que hemos potenciado nuestras diferencias.
Tenemos por delante todo
un reto, crear nuestras propias costumbres globales, acordes con nuestros
conocimientos actuales, acordes con la verdad y la realidad de nuestra
propia especie y existencia. No debe ser algo inalcanzable o ilusorio,
sino que debe ser una meta a conseguir.
Nuestro mundo lleno de
fronteras religiosas, culturales e históricas, sigue creciendo
acotado. No obstante, nuestra fuerza descubridora ha llegado a un
nivel tal que una falta de equilibrio, o de cordura, podría
dar al traste incluso con nuestra propia existencia.
Por ello, no es sostenible
indefinidamente un gran desarrollo material paralelamente con la existencia
de fronteras interiores en la percepción que tenemos unos de
otros. Es decir, el poder científico y la tecnología
que hoy tiene el ser humano en sus manos es infinitamente superior
al que existía cuando se forjaron las fronteras religiosas
y culturales que, generación tras generación, se han
ido transmitiendo en nuestras mentes. Dicha situación no sólo
provoca desigualdades cada vez mayores, sino que puede ser consecuencia
de graves tensiones en nuestro mundo que pongan en peligro la estabilidad
y la paz mundial.
Esa necesidad de coherencia
global, no se podrá realizar mientras tanto existan las múltiples
fronteras interiores que nos separan los unos de los otros. Fronteras
surgidas del pasado, acuñadas por las generaciones que nos
han precedido y mantenidas en la actualidad. Nuestro futuro no puede
estar limitado por nuestro pasado.
SÉ TÚ
En nuestra vida, hay tres
grandes factores que nos moldean.
El primero, el lugar de
nacimiento. Según el punto de la geografía en que venimos
al mundo, derivaremos a unas u otras formas de interpretar y asimilar
las vivencias que se nos van planteando en nuestro camino. Somos influidos
por las costumbres del lugar, la historia, la lengua, el clima, la
geografía, la religión o creencias existentes, las enseñanzas,
la escuela, el grado de desarrollo industrial y económico de
la sociedad en que nacemos, si nacemos en una ciudad o en el campo,
en una casa o en una vivienda de un edificio ,en un sitio tranquilo
o ruidoso, en un barrio rico o pobre, ...
El segundo factor son nuestros
padres y madres, abuelos , tíos, amigos y personas que nos
puedan rodear. Sobre todo somos influidos en nuestras edades más
jóvenes, porque, desde nuestro nacimiento, lo asimilamos todo.
Observamos todos los detalles. Es más, recibimos la influencia
de nuestra progenitora en su propio vientre. Somos todo recepción. Los consejos, cuando somos niños
pequeños, son algo dogmático en nuestras vidas.
Pero también nos
van a influir ,y a moldear, miles de mensajes no hablados como la
profesión de nuestros padres, la de los abuelos, sus formas
de vestir, sus costumbres de alimentación, sus gustos deportivos,
sus esperanzas en nosotros, su carácter, el grado de amor que
recibamos, sus miradas ,su nivel de comprensión y apoyo, sus
costumbres familiares heredadas generación tras generación
, vivencias afrontadas, el grado de relación positiva o negativa
entre los integrantes de la familia, sus miedos, sus tabúes,
su situación económica, ...
El tercer factor son las
características de nuestro cuerpo en este mundo, es decir de
nuestro aspecto externo. El ser hombre o mujer, el color de la piel,
los rasgos de nuestra cara, estatura, presencia,…
. El ser más o menos guapo, gordo o delgado; la valoración
que la sociedad en que vivimos dé a ese aspecto externo que
tengamos, nuestra condición física, el tener alguna
minusvalía,...
Entrecruzados a lo largo
de años, desde que nacemos, esos miles y miles de mensajes
y sensaciones que recibimos, provocan ,como resultado, que cada uno
de nosotros tengamos nuestros gustos, capacidades, finalidades, objetivos,
anhelos, miedos, carácter, seamos violentos o pacíficos,
tengamos tendencias intelectuales, deportivas, ... Todos nos vamos
encuadrando en "nuestro sitio" según esa sociedad. Un "sitio"
según los valores del momento, de la sociedad en que vivamos.
Valores que irán modificándose según el momento
histórico en que estemos, el cual nunca será igual.
Cuando empezamos a tener
en nuestras vidas ciertas responsabilidades, o podemos tomar decisiones;
cuando empezamos a ser jóvenes adultos con cierta independencia
familiar, o cuando más tarde llegamos a crear nuestra propia
familia, o a tener nuestra profesión, aunque creamos que estamos
decidiendo por si solos, lo cierto es que nuestro comportamiento ya
está encuadrado dentro de unas pautas. Nuestras decisiones
y manifestaciones toman como puntos de apoyo las referencias ya introducidas
en nuestras mentes. Nuestra libertad de decisión ya está
enmarcada dentro de unas determinadas coordenadas. Ya formamos parte
de un país, de una historia ,de una sociedad, de unas costumbres, de unas creencias,
y ,por tanto, estamos mediatizados en nuestra libre interpretación
respecto muchos temas de nuestro mundo ,de la sociedad y del resto
de humanos. Decidimos, pero lo hacemos dentro de las fronteras asimiladas.
Somos lo que el mundo preexistente
hace que seamos.
¿Qué somos?.
Si no nos hubiesen inculcado todos esos mensajes ¿cómo
seríamos? , ¿cómo veríamos la vida y el mundo? , ¿cómo
nos veríamos a nosotros y a los demás?.
LA
MUJER
Por muchas leyes o normas
que intenten lograr la igualdad entre el hombre y la mujer, y por
muchos discursos que se hagan en esa dirección, nunca se logrará
ver al ser humano como uno, si no lo entendemos y comprendemos,
cada uno de nosotros, sabiendo ver más allá de las formas
de nuestros cuerpos.
El hombre y la mujer son
el igual, son el algo mismo, pero diferenciado por el sexo.
A medida que la mujer ha
podido obtener cotas de mayor comprensión y reconocimiento,
ello le ha permitido demostrar que puede igualar al hombre en todas
las tareas culturales, sociales, científicas, etc...
En cambio, si bien es cierto que físicamente no es tan fuerte,
-factor del cual ha abusado el hombre y que históricamente
ha sido determinante para que la mujer estuviera siempre en un segundo
plano- , también es cierto que la maternidad pertenece en exclusiva
a la mujer.
La mujer, muchas veces,
está obligada a tomar como cierto y verdadero el ser inferior.
Esa mujer no podrá realizar, ni alcanzar a desarrollar, las
aptitudes más sutiles de su mente, porque la opresión
sufrida, la ignorancia sobre la grandeza del interior que posee, el
saberse que no será escuchada o valorada como un igual, todo
ello, impedirá que esa mujer pueda demostrar lo que realmente
es y vale.
Debe asumir, soportar y
luchar con el hecho de que pertenece al sexo que tristemente se ha
visto postergado en toda sociedad. Muchas veces ha debido sufrir,
aunque perteneciese a una clase o grupo marginado, el ser, además
dentro de ese grupo, adicionalmente marginada por el hombre a su vez
marginado. En donde ha habido incomprensión ha debido soportar,
además, la incomprensión añadida por su condición
de mujer. El desconocimiento y la incultura, siempre, han perjudicado
más a la mujer que al hombre, y allí donde el hombre
ha sido oprimido la mujer ha debido soportar la discriminación
del hombre oprimido; que por serlo, en muchas ocasiones ha descargado,
en la mujer, sus frustraciones.
Hasta ahora no hemos sido
capaces de ver en ella que es un humano igual que el hombre, con la
sola diferencia de que exteriormente, su estructura física,
se ha conformado en función de que su genética sexual
ha correspondido al sexo femenino.
La mujer ha sufrido, y
sufre, una fuerte discriminación, no esporádica sino
diaria, no superficial sino total e íntima; siendo en unas
sociedades o civilizaciones, dicha discriminación, más
grave que en otras, llegándose a situaciones de impune crueldad.
Nuestro mundo, no puede
avanzar con esta lacra, con este desconocimiento de la identidad humana.
El relego a la oscuridad de la mujer ,
el relego a un injustificado segundo plano de la otra gran expresión
externa del ser humano, es inadmisible. Es una gran frontera interior
a vencer dentro de nuestra evolución.
Existen diferentes baremos para valorar el grado de desarrollo humano de nuestras
sociedades, pero el más importante es el estado de respeto,
igualdad y comprensión que pueda tener la mujer en toda sociedad.
La mujer pertenece actualmente al grupo humano más numeroso
que sufre discriminación a nivel internacional , sin que se salve civilización o cultura
alguna; llegando ,en según que latitudes, a situaciones cotidianas
de auténtico terror en base a arbitrarias costumbres, religiones
o creencias nacidas en épocas pasadas.
Donde menos derechos y
más restringida tenga la mujer su libertad, donde menos respeto
y consideración tenga, donde más discriminada o subyugada esté
, tanto más atrasada estará aquella sociedad,
y tanto más le costará, a aquella sociedad, no solo
alcanzar situaciones de equilibrio social, sino de bienestar, de logros
científicos, económicos y culturales.
Toda mujer amada desde
su niñez, a la que se le diga y se le enseñe su igualdad,
que sea respetada, que perciba del mundo que le rodea sensaciones
positivas hacia ella, que sepa de su potencial humano, que sepa que
se reconoce su inteligencia, su saber, que se le escuche, esa mujer
alcanzará cualquier meta. Es fundamental romper y destruir
esa frontera, esa enorme frontera que existe dentro de toda sociedad,
dentro de toda cultura y raza. Es una frontera que separa, que discrimina
incluso dentro de un mismo nivel social, dentro de una misma familia.
Es una frontera que posterga y relega a una parte de la humanidad,
a una parte de nuestro mundo, a su mitad.
La mujer debe participar
en todos los foros mundiales por igual; tener los mismos derechos
que el hombre. Se le debe permitir disfrutar del mismo respeto que
pueda tener el hombre en todos los campos, sea laboral, religioso,
político, en la enseñanza, etc... Es inhumano que se prive, a millones de seres, de sus
derechos y capacidades humanas por el simple hecho de que su cuerpo
externo tenga forma femenina. Debemos enseñar y creer en nuestra
igualdad humana, y así ser dignos ante nosotros y ante las
generaciones venideras. Ser dignos ante este Universo que nos ha dado
la vida. Una vida que solo nosotros podemos hacerla más justa.
RELIGIONES
No son las religiones las que se pueden
atribuir que el ser humano sea espiritual, al contrario, es ese carácter
espiritual de los habitantes de nuestro mundo lo que demanda, solicita,
necesita y pide que se le de plenitud espiritual. Todo ser humano
tiene esa faceta espiritual; no obstante, falta que quiera, le dejen
o sepa encontrarla. Nadie nace negado de ella.
Las religiones han promovido
guerras, diferencias, castas, privilegios, prejuicios;
en definitiva se han utilizado para crear fronteras entre los seres
humanos. Noobstante , ese espíritu
nuestro no tiene estructura, ni intereses, ni entiende de formalidades,
no se halla estratificado como las jerarquías religiosas. Ese
espíritu es como el aire que entra en nuestros pulmones y se
expande por todo nuestro cuerpo. Lo tenemos porque existe en el todo
Universo.El espíritu de nuestro Universo no busca diferencias
, ni guerras, ni crueldades, ni da más derechos a unos
que a otros, sino que es igual en todos, es el mismo. No discrimina
a unos humanos en favor de otros, pues
ello sería discriminarse a si mismo.
El espíritu es contrario
a las fronteras religiosas existentes.
Ese espíritu
, que nos acerca a Dios, es amor, es paz; y Dios está
por encima de todas las religiones. Dios no es solo lo que nos dicen,
sino lo que cada uno de nosotros podemos saber y sentir de Él.
No solo es un Dios del pasado, sino también de hoy, de nuestro
presente. No es algo de los demás ajeno a nosotros, ni pertenece
a determinados grupos; Él es nuestro y nosotros de Él.
No hay ningún ser humano
que no posea esa parte espiritual , solo que unos la viven y otros
no, unos creen más y otros menos, unos se esfuerzan por encontrarla
y otros no, pero si se busca la encontraremos, porque ahí está.
Sólo el amor,
la humildad, la solidaridad, la falta de odios y violencia, nos pueden
permitir adentrarnos en nuestro propio espíritu.
Nadie, otorgándose
determinados rangos espirituales puede erigirse o apropiarse
, como si fuese un monopolio, de nuestra verdad espiritual.
La fuerza espiritual existente en nuestro Universo no discrimina entre
sus hijos, en todos está por igual, pero debemos hallarla.
Hay muchos que no sienten
esa parte espiritual; como también hay personas que nunca han
sentido amor. Pero ello no quiere decir que no exista;
como tampoco no quiere decir que, alguna vez, no lo puedan sentir.
Igual que no pueden evitar dejar de respirar para poder vivir,
tampoco pueden, ni podrán, evitar formar parte y tener ese
espíritu en ellos; y fuere cual fuere el momento de sus vidas
que lo busquen, hayan hecho lo que hayan hecho, sean lo que sean,
vivan donde vivan, estén donde estén, si lo piden, y
con fe lo buscan, lo hallarán.
Hasta ahora las religiones
debiendo ser un factor importante de entendimiento, dada la importancia
que tiene el espíritu en la vida de los humanos, lo que han
hecho históricamente, y siguen haciendo ,es servir de fronteras
entre nosotros. ¿Cómo podemos pensar que existan fronteras
en el espíritu?. Es imposible.
Las religiones deben dejar
de ser fronteras que distancien a los seres humanos entre si.
Hay muchos seres humanos
que viven en una gran paz espiritual, que sufren por las penalidades
de nuestro mundo, que ayudan, que realizan actos de solidaridad en
el anonimato, que no sienten desprecio por otras razas, que aman la
naturaleza, que desean que se acaben las guerras, las discriminaciones,
el hambre y la violencia. Todos esos seres humanos, hoy, se hallan en cualquier parte del mundo, están
diseminados viviendo en diferentes culturas y religiones, bajo diferentes
regímenes políticos, en sociedades totalmente dispares.
Esos seres humanos son la muestra de nuestra igualdad. Son humanos
sin fronteras.
HUMANOS SIN FRONTERAS
Los habitantes de nuestro
mundo se separan, entre si, por lo aprendido.
Son las costumbres y prejuicios asimilados, los que les alejan los
unos de los otros. Si nos fijamos en cuáles son los fundamentos
en que se basan las grandes tensiones de nuestro mundo, llegaremos
a la conclusión de que radican en nuestros pensamientos, en
nuestras interpretaciones y puntos de vista, en nuestras concepciones
y en nuestras creencias. Y, todo ello,
se ha formado influido por fronteras internas. Fronteras que podemos
superar, cambiar y erradicar.
Debemos preservar nuestro mundo,
y ello solo será desde el equilibrio de nuestros razonamientos.
Somos las puertas de conexión
entre el mundo espiritual y el material. Somos la puerta que une esos
dos grandes mundos, lo existente y lo inmaterial. Es a partir de nuestra
parte humana de sentimientos y de nuestra mente,
de donde surgen nuestras ideas, nuestra fuerza creadora. Todo lo material
es transformado por nuestra inteligencia. Todo nace de nuestro interior.
Por ello, ese interior no puede estar sometido a fronteras creadas
por nosotros mismos. Fronteras que solo existen en nuestras mentes.
Ser un humano sin fronteras
es ser libre, es mirar a los ojos de los demás y verte a ti
mismo. Es sentir tu igualdad.
Es pensar y actuar solidariamente.
Es vivir superando fronteras religiosas, de costumbres, lingüísticas,
étnicas, de razas, de privilegios del hombre sobre la mujer,
sociales, del pasado,...
Humanos sin fronteras tiene
como finalidad acercar ,en todo el mundo, a los seres humanos de diferentes
razas, religiones y culturas. Tiene por objetivo superar las fronteras
interiores que separan a los humanos, único camino hacia la paz,
la igualdad y la solidaridad en nuestro planeta.
Para ser un humano sin fronteras
no es necesario pertenecer a un club donde apuntar nuestro nombre.
Ni llevar una tarjeta de identidad con un número. Es suficiente
sentirlo. Incluso manifestarlo de palabra escrita u oral, sobre el
papel, en la calle, en una tertulia, en cualquier lugar.Si te gusta
este escrito, no dudes en transmitirlo por cualquier medio. No dudes
en manifestar que además de todo lo que eres en la vida, a
partir de ahora también eres un humano sin fronteras. Dilo
en tu soledad y con los demás. Y, por último, pedirte
que, en mayor o menor medida, tengas presente en tus actos este manifiesto.Si
crecemos en número en todas las culturas, razas y religiones, lograremos, a través de nuestro pensamiento y actuar,
un mundo mejor. Crezcamos.
Sé tú. Sé
un humano sin fronteras.
Gueris ( Isidro Guerrero )
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